viernes, enero 28, 2005

Distracciones IV.

La casa es grande.
La casa está llena.
Vivir con amigos está bien.
Sé que estás tomando un refresco en la cocina... te escuché ir hacia allá.
Tu hermana duerme a mi lado como un ángel. Seguro tu compañero de habitación duerme también. Es el momento perfecto para escabullirme.
El piso del hall está frío, seguramente igual que el del comedor.
Veo la luz prendida y sé que sos vos.
Quién más podría estar viendo esa serie que se escucha como si estuviera muy lejos.
Pero no es tan lejos, solo que el volumen está bajo.
Me acerco a la habitación y te veo de espaldas a mi.
Siempre me extrañó que la tv estuviera frente a la puerta. Para mirarla no se puede ver quién entra... yo no toleraría eso mirando una de terror.
Camino despacio y seguís sin oírme, no hay suela que haga ruido en el piso gélido porque estoy descalza.
Parece que la serie está por llegar a su momento cúlmine.
Me acerco más y sigues sin notarlo.
El personaje principal está a punto de morir, pero esta vez es mucho menos probable que se salve, esta no es como las otras veces.
El tipo va a caer por un acantilado.
Solo.
No hay forma de escapar de eso.
No vuela, no hay nada que lo frene.
¿Cómo va a escapar?.
¡Está cayendo!

Beso en tu cuello.
Sorpresa.

Me mirás.
Nunca te había visto así.
Me mirás con extrañeza.
Claro, para vos solo soy la amiga de tu "hermanita".
Tu hermanita creció.
Yo también.
Me acerco aprovechando ese momento de debilidad, cuando todavía no terminaste de procesar toda la información: soy bastante más joven que vos, soy amiga de tu hermana, te estoy acosando en tu propia casa... y la lista sigue.
Beso.
Mi boca es más pequeña que la tuya. Tardás poco en empezar a devorarme. No estoy segura si terminaste de entender todo o no, pero estoy segura de que prefiero no darte tiempo. Te arranco a tirones la remera y me empujás arriba tuyo. Evidentemente no estaba tan errada, algo te gusto. Mientras te beso me recorrés con tus manos torpe pero a conciencia, como cuando un hombre de manos grandes quiere presionar teclas pequeñas. Me gustás así. El slip que usabas salió rápido. Cooperás conmigo, estás jugando mi juego. Metés tu mano por debajo de mi solero. Es corto y no necesitás recorrer mucho para notar que no tengo ropa interior. Siento que estás ardiendo, la presión contra mi pelvis se hace cáda vez más firme. Te sentás en el sillón y me sentás encima tuyo, tus piernas entre las mías. Verte desnudo así de cerca (no como cuando te espiaba cambiarte) es delicioso. Levantás el vestidito pequeño y comenzás a tocarme. Intento cerrar las piernas pero no puedo, me tocás de todas formas, y un gemido de placer sale de tu boca. Claro, sabés que te deseo y tus dedos están llenos de mi. No dejo de besarte cáda vez más fuerte, metiendo mi lengua en tu boca como si fuera el último beso. Te siento en mi sexo, tibio y suave buscando la entrada. Estás jugando, lo se, y es dulce la espera. Te siento entrar, despacio, de a poco. Mi cuerpo se estremece, te siento despacio, dulce pero firme... firme. Gemidos mutuos cuando entrás completo. Comienzo mi danza para darte placer. Mi cadera se mueve a un ritmo lento e intento sentirte completo. Gusta. Necesito moverme más rápido. La sensación es exquisita como para detenerme. El sabor de tu piel en mi boca. Ruido. Paseo por tu cuello con mi lengua. Ruido. Me quedo en el lóbulo de tu oreja. El ruido se acerca. Estás disfrutando tanto que no lo notás. Yo estoy gozando tanto que no me importa. Por el vano de la puerta se asoma tu amigo.

Sobresalto.
Me mirás como preguntando qué pasa.
Te miro con cara de nada.
Beso en la boca y vuelvo a empezar el movimiento. Esta vez dibujo círculos con mi cadera. Te relajás y tus ojos se cierran. Te entregás a mi. Tu amigo me mira intrigado, pero calla. Comienzo a besarte el cuello y a mirarlo a él, parado a lo lejos. Su cara se transforma. Bien, había entendido. Se sentó despacio en la puerta y se quedó mirando hasta el final. Se escabulló antes de que yo me levantara del sillón. Te besé en los labios y me fuí a dormir.