La otra.
Segura en su pedestal de lava y fantasía ella se regodea. La trama de la telaraña que teje aquel, para atraparla, es un halago que no dejará pasar. Se entrega al trono y altar de ese mundo paralelo. Y reina.
Conoce todas las versiones de los hechos, porque todo lo ve con sus miles de ojos. Y también porque no es necesario ocultarle nada. Ella conoce las reglas del juego, y a ellas remite todos sus actos.
No hay explicaciones.
"No te debo nada".
Libertad.
No siempre gana, porque todavía le cuesta saber cuándo retirarse del partido... Pero le interesa tanto el juego en sí que la derrota no significa más que la oportunidad de pelear sus puntos en otro terreno. Pero siempre con cuidado, porque involucrarse de más es pasarse de la raya y, se sabe, ella es humana en algún punto.
En ese lugar de eterna cómplice, de amiga con cama, de usar y ser usada, ella está cómoda. Porque no le piden su opinión, porque no le piden permiso, porque no le piden... nada que no esté dispuesta a dar: sólo unas horas de placer recíproco, y sábanas húmedas, y adrenalina. Bastante adrenalina.
Hoy en su cama.
Mañana en la de aquel.
Pasado en la tuya.
Porque siente que muere cada vez que se estanca, cuando la conquista termina. Y llega el momento de conocer gente nueva, de recorrer otros lugares, otras caras, otras sábanas.
Eso sí: si te ha visto, no se acuerda.
Para poder conquistarte nuevamente, para seguir jugando.
"Y vos... ¿qué tenés que hacer esta noche?"
Conoce todas las versiones de los hechos, porque todo lo ve con sus miles de ojos. Y también porque no es necesario ocultarle nada. Ella conoce las reglas del juego, y a ellas remite todos sus actos.
No hay explicaciones.
"No te debo nada".
Libertad.
No siempre gana, porque todavía le cuesta saber cuándo retirarse del partido... Pero le interesa tanto el juego en sí que la derrota no significa más que la oportunidad de pelear sus puntos en otro terreno. Pero siempre con cuidado, porque involucrarse de más es pasarse de la raya y, se sabe, ella es humana en algún punto.
En ese lugar de eterna cómplice, de amiga con cama, de usar y ser usada, ella está cómoda. Porque no le piden su opinión, porque no le piden permiso, porque no le piden... nada que no esté dispuesta a dar: sólo unas horas de placer recíproco, y sábanas húmedas, y adrenalina. Bastante adrenalina.
Hoy en su cama.
Mañana en la de aquel.
Pasado en la tuya.
Porque siente que muere cada vez que se estanca, cuando la conquista termina. Y llega el momento de conocer gente nueva, de recorrer otros lugares, otras caras, otras sábanas.
Eso sí: si te ha visto, no se acuerda.
Para poder conquistarte nuevamente, para seguir jugando.
"Y vos... ¿qué tenés que hacer esta noche?"