El por qué.
¿Te acordás cuando éramos chicos?
Si, alguna vez lo fuimos.
Bueno...
¿Te acordás que cuando éramos chicos nos lastimábamos mucho?
Que un tropezón.
Que una caída.
Y así nos llenábamos las rodillas de marcas, raspones y arañazos.
Heridas que, pronta, venía mamá a limpiar con un algodoncito embebido en agua oxigenada cuando la lastimadura era real. Magullones que se lavaban con agua y se curaban con abrazos y besos cuando se trataba sólo de un moretón.
¿Te acordás de la sensación?
¿De cuando por fin dejabas de llorar y te sentías seguro, protejido?
Por eso se fue el post anterior.
Por esa sensación, como de paz.
Y no va a volver.
Si, alguna vez lo fuimos.
Bueno...
¿Te acordás que cuando éramos chicos nos lastimábamos mucho?
Que un tropezón.
Que una caída.
Y así nos llenábamos las rodillas de marcas, raspones y arañazos.
Heridas que, pronta, venía mamá a limpiar con un algodoncito embebido en agua oxigenada cuando la lastimadura era real. Magullones que se lavaban con agua y se curaban con abrazos y besos cuando se trataba sólo de un moretón.
¿Te acordás de la sensación?
¿De cuando por fin dejabas de llorar y te sentías seguro, protejido?
Por eso se fue el post anterior.
Por esa sensación, como de paz.
Y no va a volver.