jueves, diciembre 01, 2005

Ritual.

Abro el esmalte y el rojo se apodera de mi pulgar.
Es extraño.
A partir de ese momento la atención se fija, flotante, al pulso y el pincel; pero las ideas fluyen como agua en un río interminable.
¿Otra vez pensando en él?
Siempre.
Como cuando te querés dormir en la noche y lo único que te tranquiliza es pensar que está durmiendo acurrucado a tu lado.
Como cuando te despertás e intentás rodearlo con tus piernas, aunque no esté allí.
O como cuando te duchás antes de salir pensando que cada gota es su piel y te cubre.
Y te empapa.
Permiso para divagar.
Delirar.
Y jugar con las manos en rojo,
mi cuerpo y
su recuerdo.