martes, enero 17, 2006

de Silencios I.

Ya no sé cómo acostarme para seguir leyendo.
El cuello duele de tanto forzarlo, los párpados recién están cediendo.
Quiero estar cansada para que el sueño me arrebate de una realidad que duele.
Quiero que el hombre de las arenas me lleve lejos y no me traiga hasta tarde, para que no me deje como estos días, despierta a las seis de la mañana con esa sensación en el pecho y la mente alborotada.
¿Por qué me pongo así?
¿Por qué quedo tan expuesta con un perfecto desconocido?
Será el masoquismo hostil que me llena... O será que vale la pena esperar...
Todavía no lo sé. Todavía lo pienso.
Pero pensar no sirve en estas ocasiones.
Pensar complica.
Y mi cabeza ruega encontrar a ese Otro. El Otro que arranque su imagen de mi mente y lo suplante. El Otro perfecto.
Y al mismo tiempo mis vísceras gritan su nombre... curiosamente, "ese" nombre.
Y afirman que "ese" Otro es él.
Mejor distraerse.
Mejor salir todo el tiempo que se pueda.
Mejor perderse en la ciudad.
Mejor no pensar.
Porque pensar... Pensar complica.
Ya no sé cómo acostarme para seguir leyendo, aunque hace un rato que no leo.
Me quedé pensando un segundo... pero hay que seguir.
El cuello duele de tanto forzarlo, los párpados recién están cediendo nuevamente.
Igual, dejar el libro no es una opción.
Dejar el libro invita a pensar.
Y...
Pensar...
Pensar complica.