de Silencios II.
Soy como el retrato de Dorian Gray.
Mi imagen; ese cuerpo confiado, de andar sinuoso y paso seguro; va de engaño a desengaño llevándose el mundo por delante.
Y todo está bien.
Siempre bien.
Con la sonrisa en la cara como una mueca inerte.
Mientras tanto, el verdadero rostro siente cada uno de los golpes que la otra no llega a esquivar.
Y envejece con cada día.
Y cada revés de la vida y de él dibujan llagas en sus manos.
Pero el disfraz sigue igual.
Perfecto,
impoluto,
con esa felicidad de ensueño en la cara y la risa fácil.
Y mientras tanto la otra, la real, se oculta en el fondo de un desván, debajo de una sábana para tapar su vergüenza.
Y repite con labios mudos una palabra:
"Cuidame".
Mi imagen; ese cuerpo confiado, de andar sinuoso y paso seguro; va de engaño a desengaño llevándose el mundo por delante.
Y todo está bien.
Siempre bien.
Con la sonrisa en la cara como una mueca inerte.
Mientras tanto, el verdadero rostro siente cada uno de los golpes que la otra no llega a esquivar.
Y envejece con cada día.
Y cada revés de la vida y de él dibujan llagas en sus manos.
Pero el disfraz sigue igual.
Perfecto,
impoluto,
con esa felicidad de ensueño en la cara y la risa fácil.
Y mientras tanto la otra, la real, se oculta en el fondo de un desván, debajo de una sábana para tapar su vergüenza.
Y repite con labios mudos una palabra:
"Cuidame".