martes, abril 04, 2006

Fijación.

Ese pedazo de piel que se escabulle entre tus jeans y tu remera.
Te recostaste de pronto y la remera se subió un poco, dejando ver una parte de tu piel. Un triángulo perfecto de carne tibia que se muestra como ofrenda breve.
Paraíso isósceles para mis ojos redondos.
Llevo mi mano con disimulo hasta él, hasta mi rincón tibio (porque ahora es mío), expuesto. Lo recorro con la yema de mis dedos y siento cómo tu cuerpo reacciona. El movimiento de tu pelvis hacia mis yemas es sutil, casi imperceptible a la vista pero no al tacto.
Escurro mis dedos por debajo de la tela áspera del pantalón y puedo sentir el contraste con tu piel suave. Y me encanta.

Esto recién empieza.
Dejemos la persiana abierta.