Fake Teardrop.
Lágrimas de solución fisiológica que caen por una mejilla fría pese a la calefacción. Hace frío en la ciudad y ella espera que termine su turno para volver a casa. La idea de cenar se le hace extraña. No tiene apetito, como siempre que está nerviosa.
Mientras tanto, hace frío en Buenos Aires y las callejuelas de dudosa reputación crujen bajo su pisada firme. Él tiene el cabello largo, sedoso y negro como la misma noche que lo rodea. Es una sombra más en la penumbra gélida de una ciudad que había olvidado cómo era el invierno. Gira a la izquierda y toma otra calleja infame, negra, sucia como sus ideas, y se aleja echando humo, vapor, calor gaseoso que sube y se pierde en el aire.
Ella mira por la ventana de su casa y solo puede ver silencio. La oscuridad es tal que sus ojos no distinguirían entre su ventana y un paño de seda negro. Ella bate un café y se promete por última vez que sí va a estudiar... Aunque sabe que otra vez se está mintiendo. Se acerca a la ventana y suelta su aliento sobre el vidrio frío. Dibuja un corazón. Escribe un nombre. ¿Será ese sujeto el que liberó sus sentidos, el que hace que ya no pueda concentrarse en la pila de papeles que debe leer?
Afuera, un joven de rizos castaños se pregunta si tiene algún destino. Sus ondas se deshacen en el viento que decide de pronto jugar con ellas. Sigue caminando hacia esa puerta que lo espera, deseando llegar al reparo, al calor, frotándose las manos con fuerza, odiándose por haber salido sin sus guantes.
Lágrimas de solución fisiológica vuelven a caer por una mejilla fría pese a la calefacción. Hace frío en la ciudad y ella espera que termine su turno para volver a casa. La idea de cenar se le hace menos extraña... Aunque está nerviosa.