Hay cosas que no cambian...
Despechada del amor, de la vida, vuelvo a recluirme en los mismos recintos de siempre. Odiándome. Odiándolo todo. Porque odiar es tan fácil, me es tan propio. El odio es una fuerza arrolladora, es un maremoto, una maza de agua oscura, imponderable y definitiva. Y ese agua turbia me inunda. Inunda cada poro de mi ser. Soy un capacitor de ira. Un panal de abejas a punto de implotar. La vena en la frente de un hipertenso al borde del shock.
Y me gustaría mandar todo a la mierda. Suenta tan fácil... Nada es fácil en este rincón oscuro del cosmos, ni siquiera dejar de pensar.
Necesito dejar de pensar.
Dejar de pensar... Como cuando me enojo.
Cuando me enojo, no pienso.
No pensar.
Dejar de pensar.
Por eso necesito volver a enojarme.
Y me gustaría mandar todo a la mierda. Suenta tan fácil... Nada es fácil en este rincón oscuro del cosmos, ni siquiera dejar de pensar.
Necesito dejar de pensar.
Dejar de pensar... Como cuando me enojo.
Cuando me enojo, no pienso.
No pensar.
Dejar de pensar.
Por eso necesito volver a enojarme.